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Educar en la justicia y la solidaridad

PROYECTO GENERAL

1. Sentido

En nuestro mundo actual, cada vez más globalizado, podemos constatar el aumento de la pobreza en los países subdesarrollados y el nacimiento de nuevas formas de pobreza y marginación en ambientes de bienestar económico. Si bien estas injusticias suscitan el interés de numerosos colectivos que se organizan y trabajan para hacer realidad una sociedad y un mundo cada vez más justos, hay aún importantes sectores sociales poco sensibles a estas situaciones. Así pues, hay que consolidar y ampliar los esfuerzos que se realizan a fin de asegurar una educación de las personas para que puedan vivir y actuar de modo responsable y solidario con el conjunto de la humanidad, y para que puedan responder de modo crítico y eficaz ante los retos que plantea nuestro mundo.

La experiencia muestra que sólo aquellos problemas sociales y humanitarios en los que se ha trabajado de modo riguroso y permanente han entrado en vías de solución, y que solamente personas bien preparadas pueden llevar a cabo este tipo de compromiso. Por este motivo, apostar por una transformación de las estructuras injustas es un reto también para los educadores que tienen a su cargo personas en proceso de formación. Una formación que resultaría incompleta sin el descubrimiento asimismo de los interrogantes que plantean las realidades de injusticia y marginación y sin la búsqueda de caminos alternativos para superar estas graves desigualdades. Llevar a cabo esta formación comportará también el compromiso de los educadores y la renovación de estructuras educativas.

El plan que proponemos tiene como objetivos, en primer lugar, superar la indiferencia y suscitar sentimientos de interés por los temas sociales; en segundo lugar, facilitar el conocimiento del mundo que nos rodea, y a la vez saberlo valorar críticamente; y pide, también, sentirse responsable y protagonista de lo que pasa y participar en la elaboración de respuestas colectivas que superen la simple descalificación o el recurso a la violencia.

Finalmente, hay que añadir que el punto de partida de este proyecto es una opción de fe en Jesús de Nazaret. Del mismo modo que Don Bosco reaccionó ante la explotación juvenil de Turín con la propuesta de una educación completa, también cualquier proyecto coherente de seguimiento de Jesús tiene que llevar a la acción. La lucha a favor de la justicia es un signo de credibilidad del auténtico discípulo, porque el Reino que Jesús anuncia es una liberación para cualquier persona de aquellas situaciones que la degradan. Los esfuerzos, pues, para construir un orden social y mundial más humano y solidario quieren ser también un signo de este Reino.

La tarea educativa que el plan propone consiste en:

— Acercar los educandos a situaciones y personas para que sientan de primera mano la existencia de situaciones que piden su solidaridad, y valoren qué pueden aportar individualmente y colectivamente.

— Trabajar para que conozcan el entorno social, económico, político y cultural donde viven ellos y donde vive el conjunto de la humanidad, y para que analicen críticamente las causas de las injusticias que descubren y las posibles alternativas.

— Y, finalmente, proponer vías para que actúen de forma comprometida y responsable dentro de la sociedad y participen en proyectos concretos de solidaridad.

2. Propuesta

Considerando la necesidad de educar integralmente a las personas, nos proponemos velar específicamente por su dimensión social. Queremos plantearnos qué valores y qué propuestas pueden guiar la formación de los chicos y chicas para que lleguen a ser personas maduras en sus relaciones con los demás y ciudadanos responsables. Nuestra propuesta consiste en un plan de educación centrado en los valores de la justicia y la solidaridad.

a) Plan: los valores se complementan unos a otros de modo que no tendría sentido trabajar los valores sin un plan que los tuviese todos en cuenta. De hecho, unos valores se apoyan en otros (esto permite hablar de ejes o familias de valores) y, en el proceso de maduración personal, unos valores más básicos o próximos preparan el descubrimiento y el desarrollo de otros más complejos (esto nos permite diseñar itinerarios educativos).

Aunque las personas son muy diferentes (los procesos de maduración personal son únicos y el talante personal de cada cual pone acentos concretos en el proceso), es posible elaborar un plan de los diversos aspectos que hay que trabajar a lo largo de los años de formación y repasar de manera cíclica en la vida adulta. Con este plan queremos asegurar que se incide en todos los posibles campos que pueden suscitar el interés personal por la justicia y la solidaridad y, al mismo tiempo, que se trabaja desde la coherencia: hay un conjunto de valores por los que optamos y que nos sirven de referencia a lo largo de toda nuestra tarea.

El trabajo por la justicia y la solidaridad se hace desde muchos niveles. La idea de este plan es apoyarse en lo que ya se está haciendo en los diferentes ámbitos educativo-pastorales, potenciarlo y ayudar a revisarlo. La justicia y la solidaridad son ejes transversales que están bajo muchas acciones que se llevan a cabo, y es posible animar esta tarea desde un plan conjunto. Este plan deberá ser concretado más tarde en ámbitos y situaciones.

b) Educación: los valores no se consiguen de la noche a la mañana, sino que son el resultado de un proceso. Hay que acompañar a las personas para que vayan leyendo la propia vida, descubran valores y se interesen por la defensa de estos valores. Hay que suscitar su interés por los demás, ayudar a descubrir todos los aspectos implicados en sus relaciones y prestar atención para que sus opciones se vayan concretando en actitudes. Queremos educar personas que:

— vivan, valoren y amen la justicia y la solidaridad;

— conozcan las situaciones, las causas y las maneras como se potencian estos valores, y también las causas que los ponen en peligro;

— sepan actuar personalmente y colectivamente a fin de tener cuidado de ellas, o sea, que desarrollen hábitos y actitudes justos y solidarios;

— consoliden, con el paso del tiempo, una opción personal por la defensa de la justicia y la lucha por la solidaridad.

c) Justicia y solidaridad: nos centramos en la formación de las personas como miembros de la sociedad. Entendemos que la persona es incompleta sin los demás y que para vivir con los demás hay que aceptar ciertos valores. Optamos por formar personas que vivan a fondo los valores de la justicia y la solidaridad, personas justas y solidarias:

— Porque la justicia es la base de cualquier sociedad, de la convivencia pacífica y de la posibilidad de que todo el mundo pueda ser protagonista y desarrollarse.

— Porque hay urgencias que marcan prioridades dentro de la sociedad y del mundo: hay que prestar una atención especial a los que más lo necesitan y ser solidarios con ellos.

3. Objetivos del plan

a) Objetivos generales

1. Sensibilizar a todas las personas y todos los colectivos implicados en la acción educativa sobre los valores de la justicia y la solidaridad.

2. Revisar y asegurar la presencia de estos valores en todos los proyectos educativos de forma global y sistemática.

3. Ofrecer un marco educativo, herramientas y recursos que faciliten y dinamicen la formación en valores sociales.

4. Llevar a cabo acciones concretas, compromisos, experiencias de solidaridad y trabajo por la justicia.

b) Objetivos específicos

Discernir qué opciones concretas de educación en valores son las más cercanas al Evangelio.

Elaborar un mapa de valores con grandes ejes que permita tener una visión global de los valores y de los aspectos que hay que trabajar.

Distribuir por edades los aspectos más significativos de cada valor, y plantear itinerarios que recorran las diferentes etapas evolutivas.

Plantear la secuencia lógica que hay que seguir para trabajar cada valor.

Recoger materiales y experiencias en el trabajo de valores.

Facilitar la evaluación del trabajo que se lleva a cabo en torno a cada valor.

Ofrecer recursos concretos sobre valores por edades y por ámbitos educativos.

4. Opciones de educación en la justicia y la solidaridad

Para desarrollar este proyecto se han tenido en cuenta diferentes posibilidades, y como resultado de la reflexión llevada a cabo se han escogido las siguientes opciones educativas:

a) La persona es la protagonista de su formación. La persona concreta, de una edad y de unas características determinadas, es la que va madurando y creciendo, y es en dicho proceso que va descubriendo, haciendo suyos y realizando unos ciertos valores. Finalmente, será ella la que optará por unos valores u otros y los incorporará a su proyecto de vida. De hecho, los valores no son el objetivo de la educación, sino que el objetivo es el pleno desarrollo de la persona. Los valores son, pues, estímulos y pistas que ayudan en dicho proceso de desarrollo personal.

b) Es un proceso dialógico entre la persona y la comunidad que propone los valores. La persona no saca los valores de la nada, sino que los descubre en su entorno, en las personas con quien se siente vinculada y en la comunidad donde vive. Pero la persona tampoco encuentra los valores ya listos y acabados de modo que ya no tiene nada que hacer, excepto esforzarse para asumirlos. La persona se va construyendo en la medida que escucha las diferentes propuestas de valores que se le hacen y es capaz de valorarlas críticamente: integrando en un proyecto personal coherente todo lo positivo que descubre y rechazando aquellos valores que degradan a la persona.

c) Cuentan todas las dimensiones: tanto los sentimientos que nos motivan a actuar, como los conocimientos que tenemos, como las habilidades para hacer tal cosa o tal otra. Los valores no son simples ideas, sino que tienen un estrecho vínculo con el mundo de los sentimientos: los valores indican intereses, deseos, ilusiones… Ahora bien, tampoco son simples sentimientos, sino que orientan hacia una cierta dirección y son criterios para juzgar y evaluar. De los valores se puede sacar el conocimiento de lo que está bien y de lo que no lo está. Y aún, por su condición de motores de la acción personal, están muy relacionados con ciertas habilidades y modos de actuar que permiten llevar a cabo o hacen fracasar lo que nos proponemos.

d) Sigue la evolución de la persona, y tiene en cuenta las capacidades propias de cada edad. Para ayudar a la persona a crecer hay que aprovechar las posibilidades de cada momento evolutivo. Y hay que hacerlo en dos sentidos: haciendo de ellas un aprovechamiento «instrumental» que sirve para preparar la siguiente etapa evolutiva, pero también —lo cual es muy importante— haciendo de ellas un aprovechamiento «finalístico», es decir, válido en sí mismo en esta edad concreta. Ya que serán las capacidades concretas de la edad, no otras, las que permitirán a los chicos y chicas vivir felices ahora. Esta experiencia positiva de las propias posibilidades, no sólo como instrumento para madurar en el futuro, será la condición básica para cualquier opción exigente que se quiera plantear.

e) Parte de la vida para enriquecer la vida. La educación en valores no es una simple tarea teórica, sino que en ella está implicada la persona entera y su entorno. Es preciso, pues, partir de la situación personal y de los contextos concretos donde se encuentra la persona, y ofrecer herramientas para ayudar a interpretar y analizar críticamente la experiencia que se está viviendo y pistas para encontrar un modo de responder a

todo ello. Esto implica aceptar de entrada y sin condiciones a las personas y las situaciones en las que se encuentran, para buscar más tarde posibilidades de crecimiento. Quiere decir también aceptar la existencia de conflictos y tensiones: entre la realidad y el deseo, entre diferentes valores… Sólo viviendo a fondo la experiencia, tanto el rostro positivo de los valores (lo que sí queremos) como también su rostro negativo (lo que no queremos), las personas pueden decidir de forma plenamente consciente.

f) Pretende transformar la realidad social. El trabajo en valores encuentra su pleno sentido cuando se ponen en marcha acciones que transforman el entorno social. Hay que hacer frente, pues, a las situaciones concretas de injusticia y de insolidaridad, y denunciarlas; y también hay que buscar alternativas posibles y ponerlas en funcionamiento. La acción llevada a cabo, debidamente revisada, puede llegar a ser una valiosa referencia de cara al futuro, para continuar o para modificar la línea de acción emprendida. Esta tarea, por su dimensión y complejidad, pide además la colaboración de varios esfuerzos y una cierta capacidad de espera más allá de los resultados inmediatos.

g) Implica una revisión de las estructuras educativas para que sean también justas y solidarias. No sería posible educar en valores si las estructuras responsables no tuviesen ellas mismas fuertemente arraigados los valores y suficientemente desarrollados los mecanismos que hacen posible vivirlos. Lo primero para trabajar a favor de la justicia y la solidaridad es velar para que los centros educativos sean acogedores, generadores de confianza, participativos, igualitarios, democráticos, solidarios, ecológicos… Sólo la revisión habitual de estas estructuras permitirá educar realmente en valores.

h) Persigue aquellos valores humanos y cívicos que más pueden acercar al Evangelio. La experiencia de búsqueda de un mundo más justo y solidario, compartida con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, es el punto de partida de este proyecto. No solamente por el motivo pedagógico de empezar por lo más aceptado socialmente para llegar más tarde a lo más arriesgado y radical, sino también por la idea misma de justicia y solidaridad tal y como la presenta el Evangelio, y que implica una apertura y una acogida a todo el mundo ya desde el principio. Pero habrá que discernir qué formas de justicia y de solidaridad son realmente evangélicas, y ayudar a reconocer en ellas la llamada que Dios nos dirige a construir el Reino. En el Evangelio, la justicia va más allá de la estricta igualdad y está relacionada con la generosidad. Y también plantea las relaciones humanas más en clave de vínculos afectivos y de solidaridad que de cumplimiento de deberes.

5. Distintos modos de intervención

Antes de concretar nuestro proyecto, nos proponemos reflexionar sobre los medios para trabajar la justicia y la solidaridad. Hay que poner atención a los diferentes modos de acercarse a la justicia y la solidaridad, y someterlos a discernimiento. Para hacerlo seguimos a Luis A. Aranguren Gonzalo (Reinventar la solidaridad. Voluntariado y educación. Ed. PPC. Madrid, 1998), que identifica y analiza críticamente cuatro tipos diferentes de solidaridad.

a) La solidaridad como espectáculo. Todos hemos visto algún programa por televisión, o hemos asistido en algún concierto solidario o quizá incluso hemos organizado un espectáculo que promueve la solidaridad. Estas propuestas nos presentan la solidaridad como producto de consumo; al igual que se pueden encontrar varias ofertas en el mercado, también hay ofertas de solidaridad. Una oferta que se presenta con un rostro amable, que nos hace sentir bien, que no implica personalmente. Hay una distancia con respecto a los problemas sociales reales. En fin, esta solidaridad tiene una mayor respuesta de participación o de audiencia si las causas son particularmente desgraciadas y trágicas.

Ventajas: Pueden ser buenas oportunidades para acercar gente a causas solidarias, personas que quizá nunca se han planteado la importancia de ser solidarias. También pueden ser una posibilidad de recaudar dinero para una causa solidaria.

Inconvenientes: Pueden suavizar el sentimiento de angustia, crear un sentimiento de solidaridad alejado de los problemas reales y trágicos, de tal modo que uno no se cuestiona las causas más profundas de las desgracias, puesto que ello comportaría una implicación personal. Puede también suceder que la acción prevalezca por encima del proyecto; por ejemplo, el esfuerzo organizativo puede ocupar muchas horas de preparación, más que el porqué de la acción o el hecho de para quién se está haciendo.

b) La solidaridad como campaña. Ante una situación de emergencia, nace la respuesta de una campaña para darle una solución rápida y urgente. Esta ayuda no resuelve los problemas ni sus causas estructurales, pero sí que da una respuesta para atender una urgencia concreta. En muchas ocasiones tiene como referente la ayuda humanitaria.

Ventajas: Ante situaciones límite de hambre, refugiados sin hogar, víctimas de conflictos bélicos o catástrofes naturales…, se intenta paliar los efectos y dar una respuesta urgente.

Inconvenientes: Es una ayuda concreta en un momento concreto, pero no se preocupa por los procesos que han inducido a esta situación. Puede provocar la sensación de cansancio y de impotencia ante un drama que nunca termina. Es una solidaridad que ayuda a desahogarse ante el sentimiento de lástima, aunque para ser eficaz tendría que inserirse en procesos de acción-reflexión-acción, a fin de no quedarse en la superficie de los problemas, sin preguntarse por las causas que generan las tragedias que se intentan paliar y que, desde otro punto de vista, podrían evitarse.

c) La solidaridad como cooperación. En este tipo de solidaridad encontraríamos los proyectos de desarrollo. Habría que procurar que estos proyectos tuviesen muy en cuenta a las personas a las que se destinan, su cultura y los procesos que están desarrollando para que sean los más adecuados y los que más puedan ayudarles en su desarrollo, sin que sean comprendidos únicamente desde patrones culturales occidentales. Los proyectos tienen que responder a las necesidades reales de las personas y de los colectivos excluidos, tienen que ofrecer objetivos factibles, ser concretos y evaluables, y su realización debe ser en equipo, porque la solidaridad no responde a mesianismos individualistas.

Ventajas: Existe la experiencia positiva de muchas personas que han participado en proyectos de cooperación, fundamentalmente en países del continente africano o de América Latina. Esta solidaridad puede ayudar a poner en contacto a la persona con una realidad social muy concreta y a plantearse vivir la solidaridad más allá.

Inconvenientes: Puede no dejar aflorar el movimiento social de base que se encuentra detrás de los receptores-protagonistas de los proyectos. Que sea sólo una experiencia más dentro de una gama amplia de experiencias y de unas ganas insaciables de experimentar cosas y de vivir todo tipo de aventuras.

d) La solidaridad como encuentro. Tiene relación con el hecho de pensar y vivir de modo distinto. La solidaridad como encuentro significa, en primer lugar, la experiencia de encontrarse con el mundo de dolor y de injusticia y no quedarse indiferente; y en segundo lugar, significa tener suficiente capacidad para pensar y vivir de modo distinto: capacidad para pensar, esto es, para analizar lo más objetivamente posible la realidad de falta de humanidad y de justicia en la que vivimos, sin que el peso de dicho análisis nos desborde. Y vivir de modo que la solidaridad forme parte —y sea su pilar básico— del proyecto de vida de quien se juzgue a sí mismo como solidario. Esta experiencia de encuentro puede llevar a la solidaridad próxima con quien está cerca, y con quien se encuentra a distancia (pero no distante) en los pueblos del Sur. Se trata de potenciar los procesos de promoción y crecimiento de las personas y colectivos con los que se lleva a cabo la acción solidaria como cooperación. La diferencia reside en que desde la solidaridad como encuentro los proyectos no son finalidades en sí mismos, sino medios para el crecimiento y desarrollo humano de aquellos con los que intentamos caminar. La solidaridad como encuentro convierte a los destinatarios, su acción, en los auténticos protagonistas y sujetos de su proceso de lucha por lo que es justo, por la resolución de sus problemas, por la consecución de su autonomía personal y colectiva.

Con todo ello, de ningún modo queremos decir que sólo existe una solidaridad que se produce en la inmediatez de las relaciones cortas, de los contactos cara a cara, del encuentro con el otro, y que sólo puede ser llevada a cabo por los voluntarios, sino que desde la realidad cotidiana de cada uno, ya sea desde un marco más institucional, de tipo político, administrativo, económico, financiero, laboral, como vecino activo en un barrio…, también se puede ser solidario e incluso transformar las causas más estructurales que provocan la injusticia. A veces puede obsesionarnos lo cotidiano y nos pueden quedar muy lejos problemas más graves en el ámbito nacional o internacional, pero ante esta vivencia quizá la respuesta tiene que empezar con la realización de un cambio en la intervención cotidiana con las personas que están más cerca.

6. Objetivos pedagógicos: los itinerarios

Para trabajar la justicia y la solidaridad, distinguimos cuatro grandes ejes de objetivos que es preciso trabajar, los cuales forman lo que llamamos itinerarios. Cada uno de estos ejes responde a un enfoque concreto («entendemos») y a la vez implica una toma de posición ante ciertos retos, o sea, objetivos («pretendemos»). Podemos imaginar dichos ejes situados en otros tantos círculos concéntricos: en el centro, el ámbito más reducido, la persona; en un segundo círculo, las relaciones entre las personas en el interior de la comunidad humana donde vivimos; en un tercer círculo, la vida en sociedad y las relaciones entre pueblos y culturas, la política, la economía; y por último, el eje de la naturaleza, el mundo animal, vegetal y mineral que nos rodea.

a) Cada persona es fundamental para construir la justicia y la solidaridad

Entendemos:

— que cualquier persona tiene una riqueza única e insustituible, y puede hacer una aportación valiosa a la comunidad,

— que es necesaria una formación de las personas que les permita desarrollar y compartir sus capacidades,

— que el desarrollo personal completo es inviable sin un diálogo y un compromiso de respeto con los demás,

— que la plenitud y la alegría personales pasan por el encuentro y la integración en una comunidad,

— que es responsabilidad de cada uno la construcción de un mundo para todos,

— que las personas tienen que participar en los proyectos colectivos con sentido crítico y opinión formada,

— que, por último, se podrá descubrir en dicho proceso que es el Espíritu de Jesús quien llama a construir el Reino y quien ha concedido a cada uno poder hacer una tarea concreta.

Pretendemos:

Sentir interés por las propias capacidades y aptitudes, y valorarlas como una aportación positiva que el grupo puede recibir.

Conocer varios modos de participar en el grupo, la comunidad, la sociedad… (discusiones, toma de decisiones, elaboración de proyectos) y analizarlas críticamente.

Actuar teniendo en cuenta el bien de todas las personas, especialmente de las menos favorecidas.

b) Relaciones justas y solidarias con los que conviven con nosotros

Entendemos:

— que es preciso valorar positivamente los diferentes modos de ser y de vivir,

— que esto nos permite aceptar del mismo modo a todas las personas y establecer con ellas relaciones personales basadas en el respeto,

— que hay que trabajar para hacer posible una convivencia pacífica sin olvidar los más desfavorecidos,

— que todas las personas tenemos los mismos derechos y que hay que luchar contra cualquier forma de discriminación,

— que a partir del diálogo es posible hacer proyectos de futuro con el conjunto de los miembros de nuestra comunidad,

— que hay que participar en la vida de nuestra comunidad (escuela, barrio, pueblo…) y hacerlo en diferentes ámbitos (cultura, política, economía, medio ambiente…),

— que, por último, se podrá descubrir que esta convivencia tiene como modelo a Jesús y como criterio su opción preferente por los más desfavorecidos.

Pretendemos:

Sentirse protagonista de la vida de la propia comunidad, y desaprobar las injusticias y marginaciones que se puedan producir.

Conocer los valores de la comunidad y su forma de vivir y de actuar, y también las situaciones de marginación.

Actuar en proyectos de defensa del bien común (políticos, económicos, culturales) de forma respetuosa hacia todo el mundo, poniendo especial atención en la lucha contra las discriminaciones sociales.

c) Una sociedad justa y solidaria en un mundo justo y solidario

Entendemos:

— que la justicia sólo es posible en un clima de respeto hacia todas las personas, pueblos y culturas,

— que sólo una distribución justa de las riquezas y unas relaciones internacionales igualitarias permiten el desarrollo de las personas y de los pueblos,

— que hay estructuras políticas y económicas, más allá de las perso-

nas, que hacen imposibles unas relaciones justas entre los pueblos,

— que la paz es fruto de la acción y la solidaridad activa, no la simple ausencia de conflicto,

— que se puede llegar a la resolución de conflictos con el diálogo, de forma no violenta y teniendo en cuenta el bien de todos los implicados,

— que es posible el encuentro festivo y enriquecedor de todos los grupos humanos,

— que, por último, se podrá descubrir en la paz y la justicia la cercanía del Reino de Dios —Padre y Madre—, que va creciendo de modo imperceptible y es ofrecido a todos los hombres y mujeres.

Pretendemos:

Sentir respeto hacia la diversidad de pueblos y culturas, interesarse por sus riquezas culturales y desear su bien.

Conocer otros pueblos y culturas, analizar las relaciones entre países dentro de la comunidad internacional y juzgar críticamente las injusticias y desigualdades que se producen.

Actuar de forma comprometida en la lucha por un mundo más justo, participando en proyectos de solidaridad internacional y adecuando el propio estilo de vida a las necesidades del conjunto de la humanidad.

d) Compartimos la naturaleza de manera justa y solidaria con las generaciones futuras

Entendemos:

— que hemos recibido las riquezas naturales de forma gratuita y las generaciones futuras tienen derecho a gozar también de esta riqueza de forma íntegra,

— que hay muchas situaciones provocadas por el ser humano que ponen en peligro el equilibrio y la supervivencia de otras especies,

— que somos responsables del estado de conservación de nuestro planeta, y que nuestro uso de los bienes de consumo debe permitir un desarrollo sostenible,

— que, en último término, nosotros formamos también parte de la naturaleza y no podemos vivir separados de ella,

— que, por último, el hombre puede ser cocreador con Dios sólo en la medida en que sabe ocuparse del resto de criaturas.

Pretendemos:

Sentir respeto hacia la riqueza natural e interés por preservarla de los peligros que le afectan.

Conocer la naturaleza y las principales situaciones de abuso de los bienes naturales.

Actuar de forma respetuosa hacia el medio ambiente, poniendo una especial atención en las acciones locales que tienen repercusiones globales.

7. Aspectos y distribución por edades

En cada itinerario se trabajan tres aspectos: sentir, conocer y actuar, y a su vez cada aspecto está ordenado por edades: de 3 a 6 años, de 6 a 12 años, de 12 a 16 años, de 16 a 20 años y adultos.

El aspecto sentir, si no se plantea de una forma superficial (hablaríamos entonces de sentimentalismo), sirve de punto de partida. Responde a la pregunta: «¿Qué mueve a la persona en esta edad?». Nos referimos, pues, a sentimientos arraigados en la personalidad y trabajados. Son los sentimien-tos, los intereses y los elementos del mundo afectivo que pueden actuar como motivación del trabajo en valores. Encontramos aquí aspectos tales como valorar, apreciar, interesarse, aceptar, desear, respetar, aprobar, desaprobar, rechazar… La idea que proponemos se puede resumir diciendo: «Sentir motiva».

El aspecto conocer responde a la pregunta: «¿Qué puede entender la persona en esta edad?» Reúne los conocimientos, conceptos y temas que se pueden trabajar en torno a cada valor. A partir del conocimiento podemos llegar a modificar nuestra acción, y también podemos enriquecer nuestros sentimientos. Pero el conocimiento no es neutro y habrá que fijarse también en los procesos de conocimiento; el análisis crítico y la reflexión sobre las informaciones adquiridas son aquí fundamentales. Según la forma como leamos la información de la que disponemos, optaremos por unos valores o por otros. Esto puede resumirse diciendo: «Conocer para optar».

El aspecto actuar responde a la pregunta: «¿Qué puede hacer la persona en esta edad?». Reúne las habilidades y acciones que son capaces de practicar los chicos y chicas. Estas capacidades completan y concretan los contenidos conceptuales. Presentan los posibles medios para poner en marcha las motivaciones, para adquirir y completar los conocimientos y para poner en práctica las habilidades. Pueden ser útiles también para contrastar lo que hemos aprendido o lo que suponemos, y pueden así servir como evaluación inicial de un nuevo proceso de aprendizaje. Ahora bien, tampoco es posible educar en valores actuando de cualquier modo. La acción personal va enlazada con los retos y necesidades colectivos; así pues, actuamos de forma justa y solidaria en la medida en que participamos de estos anhelos y proyectos. Decimos, pues: «Actuar participando».

Los educadores pueden hacer una doble lectura de esta organización de los aspectos. Bajo el punto de vista de la programación, habrá que prever qué sentimientos, qué conocimientos y qué habilidades permitirán participar en ciertas actividades. En cambio, bajo el punto de vista de la evaluación, habrá que sopesar hasta qué punto las actividades han servido para desarrollar y enriquecer los sentimientos, los conocimientos y las habilidades de quienes han participado.

Los grupos de edad responden a los grandes momentos de desarrollo de la inteligencia y, en especial, de desarrollo de la conciencia moral. Se ha procurado acercarse a la distribución de edades del sistema educativo vigente, que muy a menudo sirve de referencia para organizar otros tipos de ámbitos educativos. La secuencia de pasos que hay que trabajar en cada aspecto sigue la evolución psicológica; ahora bien, esta secuencia también se puede entender que marcaría los pasos que tendría que seguir cualquier persona que se formase en valores, independientemente de su edad. Por ejemplo, sería necesario que comenzase descubriendo sus capacidades y valorándolas antes de iniciar la participación en un trabajo de grupo, y sólo después del trabajo de grupo podría aprender que su actuación en el grupo influye en los demás y que hay actuaciones que convendrá rectificar. Por último, hay un bloque de edad «adultos», que sirve de referente para todo el proceso y que recoge aquellos puntos que sirven de base para una formación continuada en la justicia y la solidaridad.

8. Itinerarios

A continuación mostramos, mediante una serie de cuadros o parrillas, los siguientes itinerarios:

Itinerario persona

Itinerario relaciones

Itinerario sociedad

Itinerario naturaleza